viernes, 28 de noviembre de 2008

LÁGRIMAS DE AZÚCAR

Recordaba aquel día como si no hubiese pasado el tiempo...y desde entonces parece que todo ha dado un giro redondo, y que los papeles de los personajes han cambiado totalmente...

Fue en el curso de 1º de EGB, aquella clase era agradable, fría en invierno y calurosa en verano, pero con el paso de los años no se olvidaba de cómo era, de su forma, su color, su olor...

Cuando eres niño, todo se vive intensamente, e ignorantemente.

Cuando aquellos dos niños salieron al patio y se revolcaron por el suelo por ella....no podía dar crédito. Con tan solo 6 o 7 años, se sintió por primera vez protagonista, se sintió por primera vez alguien...lástima que no supiera que iban a pasar más años de los que tenía, sufriendo jústamente todo lo contrario.

Iba creciendo, iba cambiando.

Cuando llegó la hora de tomar la comunión, su cuerpo ya no era el de antes, había dado un paso más de niña a adolescente, aunque faltaban algunos años para eso. Eso, y lo glotona que siempre había sido, la convirtieron en el hazme reir de sus compañeros.

No recordaba cómo empezó todo, seguramente se fue creando poco a poco, con ayuda de los desapropiados comentarios de la gente que le rodeaba, algunos inconscientes de el daño que sin nadie saberlo, ni ella misma, provocaban. Otros, a sabiendas de la cicatriz que podían provocar en la mente de una niña.

En las clases de gimnasia rítmica se sentía bien al principio, pero poco a poco se daba cuenta de que no era tan ágil como las demás niñas. Las más delgadas participaban en competiciones, y ella, aunque era de las más elásticas de la clase, no conseguía mantener el equilibrio ni ser tan precisa como el resto. Aun así, al salir de las clases, se zampaba su bocata de nocilla...no le daba la importancia que más tarde iba a tener.

Sacaba buenas notas, y los profesores estaban encantados con ella, era buena alumna, aplicada, se comportaba...pero lo que nadie sabía era que eso era un arma de doble filo.

El día de la exhibición de rítmica en el colegio, fue precedido por un campeonato comarcal al que todas fueron a participar. Estaba nerviosa, su primer campeonato, ella estaba ilusionada en ganar aunque fuese el bronce, pero sabía lo complicado que sería. Se había preparado la coreografía hasta la saciedad, los fines de semana, entre semana en las clases....

Llegó el momento, se puso en medio de toda esa gente, en posición para empezar, sonó la música, y cuando no llevaba ni medio minuto....se dió cuenta de dónde estaba en realidad, se dió cuenta de que era el centro de atención de toda esa gente que tan solo iba a ver gimnasia, y pensó en sus compañeras, las buenas, las delgadas, las que iban a ganar....y en todas las que ya habían salido y lo habían hecho tan bien....¿pero dónde se pensaba ella que iba?, ¿qué pensaba que iba a ganar?, ¿qué creía que no se iban a reir cuando sus mollas de la tripa saltaban al son de la música?.....cientos de pensamientos autodestructivos asaltaron su mente, y se le quedó en blanco...recordó el consejo de su profesora (improvisar cuando se nos olvide algo), pero los pensamientos no la dejaban, y fue incapaz de seguir.

Tuvo que abandonar la sala, llorando, impotente, había fracasado. Le dieron un premio de consolación.

Decidió dejar la gimnasia rítmica, aunque era su sueño, algo se lo impedía. Su cuerpo cambiaba, sus circunstancias también. Y ella comenzó a mirarse y a verse de verdad frente al espejo, con ese mallot, esas medias y las punteras...y se veía gorda, como la veían los demás.

Sus padres decidieron pues apuntarla a otra actividad extraescolar, para evitar que se encerrara en su mundo, y para hacer algo productivo en su tiempo libre. Ellos no sospechaban nada, aunque con el tiempo dedujo que su madre lo intuía.

La apuntaron a clases de guitarra, y era buena. Su profesora la tenía en cuenta porque era estudiosa y aplicada, se aprendía las partituras rápidamente, y era ágil con esos dedos largos y finos que tenía.

Pasaban los cursos, y llegó a 5º de EGB. En el colegio ya empezaban a hacerse los típicos grupos de niños guapos-niños feos. Ella continuaba con sus clases de guitarra, y las compaginaba con los estudios. Los fines de semana iba al pueblo natal de su madre. Allí tenía alguna amiga inseparable, de esas que con los años no se han ido. Cuando celebraron las fiestas patronales, recibió una gran noticia: la habían elegido Reina Infantil de las fiestas. Lloró como una cría mientras su madre le preguntaba "¿Por qué lloras?" y ella respondía "De alegría, mamá, de alegría".

Ese verano, antes de subir al escenario vestida con su traje de reina, se sentía más que eso, se sentía feliz y espléndida.

Algún alma despiadada le dijo que los comentarios del chico que le gustaba fueron: "ya va el barril andando por el escenario, tiembla y todo de lo gorda que está, a ver si lo va a romper".

Lloró, lloró, y lloró.

El resto de actos a los que asistió, tan solo sintió vergüenza de sí misma.

Pasó el verano, y por fín pasó a 6º. El curso trancurrió lento, no acababa de hacerse a sus nuevos compañeros. La gente le daba de lado, y ella se encerraba en sí misma también, porque se avergonzaba de ser como era. La llamaban de diversos motes "La empi" (de empollona), "La vaca"....y otros de los que ni siquiera quiere acordarse.

Le gustaba un chico de la clase, como a algunas de las demás compañeras. Pero ella lo guardaba en silencio. Mientras que el grupo de las chicas "guapas", tomaban todo el protagonismo. A ella no le importaba ese protagonismo, pero sí que se sentía sola a veces. Aunque esa soledad la mitigaba el pensar en su amor imposible.

En la clase hacían rotaciones de compañeros. Cada semana un compañero se sentaba con otro por orden de lista, y en un lugar diferente, unas veces al principio, y otras al final de la clase. Suponía que era para evitar la marginación o que los avanzados estuviesen en el principio y los menos estudiosos al final.

Él era el primero de la lista, y ella la última. Era cuestión de tiempo que los pusieran juntos. Él jamás había tenido ninguna palabra hacia ella, pero para ella cualquier gesto significaba amor. Hasta aquel día...

Les tocó sentarse en la primera fila de la clase, ella ya estaba allí. Cuando dijeron su nombre, el corazón le latía a mil por hora. Él se levantó de su antigua silla, y se sentó con desagrado al lado de ella, dándole la espalda. La profesora le dijo que se sentase bien, y él respondió que no.
La profesora le dijo que por qué no, y él, sin cortarse y relamente ofendido dijo en tono de guasa: "yo no quiero sentarme aquí al lado de la gorda ésta".

Sólo escuchó risas...

Esas palabras las llevaría toda la vida a cuestas.

Ella no lloró, allí no, tan solo agacho la cabeza mientras dejó su vista fija en su pupitre verde sin atreverse a levantar la mirada.

Lloró al llegar a casa, lloró y lloró...como siempre, sin que nadie la viera.

A las semanas, la revisión médica escolar determinó que tenía un leve problema de sobrepeso, y que debía ir al Endocrino. Cuando le entregaron el informe para dárselo a sus padres, se le quedó grabado ese letrero en grande, en mayúsculas, con rotulador rojo, que ponía: Urgente Endocrino.

Tenía 12 años, medía 155 y pesaba 65 kilos.

Lloró, lloró y lloró...pero ésta vez tan desconsoladamente que su madre la oyó.

Le enseñó aquel papel y ella la entendió. Empezó entonces su calvario de médicos, dietas, kilos, medicamentos, básculas, y principio de bulimia...gracias a Dios que nunca llegó a ser un verdadero problema aquello...

Aquel curso fue el peor de su vida. Sin amigas, solía salir a pasear al parque con su madre y su hermana pequeña. Una tarde, las chicas "guapas" de la clase se acercaron por allí. Para su asombro, le preguntaron si quería ir con ellas a dar una vuelta (todavía hoy duda si su madre tuvo algo que ver con aquello). El grupo estaba formado por varias niñas, las guapas y alguna menos agraciada. Enseguida hizo más amistad con las menos guapas, las menos llamativas.

Una tarde, iba con otra niña paseando, las demás iban detrás. No paraban de reirse y no sabía porqué. La niña que iba con ella le confesó que la llamaban para reírse de ella, y la dejaban pasar delante para reírse de su cuerpo, de su tipo, de su forma de vestir.

Dejó de salir con ellas.

Al tiempo las menos guapas la volvieron a llamar, se habían separado. Por fin supo lo que era tener amigas.

Pasó el tiempo de estar en el colegio, pasó junto a las visitas a médicos, con dietas, con complejos intentando ser superados. Su cuerpo cambió. Empezó a tener más forma de mujer. Su seguridad ganó. Su alegría volvió a surgir. La niña aquella de 1º de EGB volvía a verse a través de los años.

Viaje de Fin de Curso: las niñas estaban en la discoteca. El chico guapo entra, varias locas por él. Élla estaba al margen. Se presentó y le sacó alguna sonrisa. Cuando se acabó la fiesta, todas estaban locas por él.

Al día siguiente se puso su ropa favorita, se lanzó, y dejó a todas con la boca abierta cuando el chico decidió estar con ella....ahí empezó a cambiar todo.

La niña que era el patito feo, se convirtió de repente en cisne, dejó sus plumas feas detrás, sacó sus mejores galas. Sacó lo bueno que llevaba dentro, y eso la hizo ser más guapa por fuera. Dejó su complejo un poco de lado, y decidió juzgar a las personas por lo que son y no por lo que aparentan. Y consiguió que los demás la valorasen igual.

Hoy en día, sigue teniendo problemas. Pero ya no son por discriminación física, sino por discriminación hacia su personalidad. Porque es feliz, porque es como es, porque no tiene complejos, porque es agradable, y porque ante todo, no hace daño a nadie.

Pero su condena será siempre....ser diferente.

martes, 25 de noviembre de 2008

CONFIESO QUE...

Foto sacada de: cedequack.wordpress.com

...Veo Gran Hermano...

Y no es vergüenza, pese a las masivas opiniones de que no es del todo "correcto" seguir el comportamiento real (a veces) de la gente, metida en un casa, elegida por psicólogos a la carta, creando mini grupos sociales, y casi previniendo las diferencias o similitudes que se crearán entre ellos.


A mi me ofrece el reality, primero entretenimiento tal cual, y segundo una forma de ver reflejados los problemas sociales que a menudo nos ocurren, dependiendo del lugar, la gente, o las situaciones en las que nos encontremos.


Además me analizo a mí misma, y me doy cuenta de que caemos continuamente en errores tales como el prejuzgar, el dejarnos llevar por las apariencias, en que la amistad como palabra ha perdido valor, en que siempre las cosas tienen dos versiones, y dependen mucho de la forma en que se enfocan o se cuentan....y un sinfín de aspectos más, para los cuales necesitaría dos o tres blogs. Lo mejor es verlo con la meta de reflexionar en estas cosas.


Hay una consecuencia lógica de las relaciones entre personas, y es que caemos sin querer o queriendo, en las agrupaciones, según la afinidad (convenida o no) que establecemos con algunas personas, a las que dejamos "entrar" en nuestro personal guetto. Y aquí, al analizarlas, ves cómo se crean comportamientos en los que a veces te sientes identificada, tanto por haber formado parte de un grupo o del otro.


A mi me ha llamado la atención esta semana, de la forma en la que se crea un cerrado grupo (en este caso de mujeres, como suele pasar, y que me perdonen las aludidas) y de la forma que ese grupo, por diferentes causas, intenta anular la presencia de ciertas personas ajenas a él, pero que tienen que soportar como le hacen "el vacio".


La reflexión que todos sacan, tanto por un lado (el grupo cerrado), como por el otro (la persona "marginada"), es que el rechazo es producido por unos celos y una envidia, que al parecer todos padecen.


Y digo yo: la envidia puede hacerte sentir marginada? la envidia puede hacerte sentir más poderosa? la envidia puede llevarte a odiar y a apartar a alguien a quien consideras "mejor"? o la envidia quizás te lleva a no querer adentrarte a ese grupo?....


Mi propia reflexión no es para nada objetiva, porque huyo de los maxi grupos éstos donde hay siempre un líder que controla al resto de personalidades sin jústamente éso: personalidad propia. Y es que por suerte o desgracia en alguna ocasión me he visto en ese otro lado, en el que te hacen el vacío y tal...y nunca he comprendido los motivos, ni el porqué de esos desprecios....y es que....a veces las personas nos dejamos llevar por lo peor que tenemos dentro...

sábado, 22 de noviembre de 2008

jueves, 20 de noviembre de 2008

QUÉ SE CUECE AQUÍ?

Foto sacada de: www.facilisimo.com

Si algo me ha llamado siempre la atención, es cómo cambia la "forma de pensar", dependiendo del lugar en el que te bases.


A pesar de que hay muchas cosas con las que no acabo de empatizar bien de las ciudades, he de reconocer que en cuestión de libertad de mente, están(mos) más que avanzados respecto al medio más rural.


Está claro que de todo hay en todos lados. Pero sin que sirva de precedente, en los lugares cuya educación ha sido más conservadora (y lo sigue siendo), lugares ricos en propiedades y cuyas arcas están bien escondidas (para que los de fuera no se las lleven).


Estos sitios llegan tarde al progreso. Se cierran a lo nuevo, se enclaustran en el pasado y les cuesta demasiado abrir sus puertas.


De dónde eres? Tú no eres de aquí verdad? Qué eres de Valencia? Es que no me suena tu cara...


Y aunque parezca mentira, todavía hay quien piensa que los de ciudad: vienen a quitarles lo suyo, lo que tantos años les ha costado obtener, sus tierras, sus intereses, su dinero......


No todo es bueno en cualquier sitio. En todas las casas se cuecen habas.


jueves, 13 de noviembre de 2008

HISTORIAS....

Foto sacada de: martinguion.blogspot.com

Suena el inconfundible canto de Caco, el mejor gallo de mi corral. Abro levemente los ojos y me reconforto brevemente entre mis mantas de lana, que conozco desde hace tantos años, justo desde aquella época de crisis que se llevó todo lo que entonces creíamos indispensable...que ilusos...


Mientras me abrigo por unos segundos más, metida dentro de mi cama con colchón de lana, ya un poco chafado (tendremos que avisar al colchonero para que lo ahueque un poco), miro aquel aparato que me recuerda a esos tiempos donde me servía de despertador...jajaja, servía para eso y para más cosas, claro, en aquellos tiempos ya se sabe que los móviles eran motivo de adicción para las nuevas generaciones.


Un reconfortante desperezo me hace estirar los huesos, y de paso, despejar la mente un poco. Me levanto y voy al hueco de la pared, miro a ver si hay algo sólido, y cojo un trozo de pan de ayer. La hoguera está apagada, intento reavivarla con unos troncos y ramucha fina, y acerco el pedazo de pan para que esté crujiente.


En el establo, por llamarlo de alguna forma, está mi Lola. "Buenos días, cariño. A ver si tienes un poquito de leche para mi...". Cada vez que pienso lo que estimo a ese animal, las veces que me ha saciado el hambre, y lo mucho que me costó poder adquirirlo...


Me preparo mi vasito de leche caliente y me como el trozo de pan tostado con unas gotitas de ese aceite con sabor maravilloso, que cada temporada sacamos de los pocos olivos que han sobrevivido en estos últimos años (con sequía incluida). Me sienta de lujo el desayuno.


Salgo de casa abrigada con aquel pantalón afelpado lleno de agujeros y desgastado a más no poder, pero tan caliente para estas fechas. Debajo llevo unos leotardos que mi madre tenía guardados en un cajón, como olvidados por el tiempo, y a los que recurrí el día que vi que no tenía qué ponerme para este trabajo, para este tipo de vida. Arriba me pongo varias mangas, jerseis y suéters del año....ufff, qué tiempos aquellos. Y me abrigo la chaqueta más calentita que consiguió resistir el paso del tiempo.


Todavía no ha amanecido del todo, el monte está blanquecino, con la natural escarcha de noviembre antes del alba. Mi perro sale a mi busca, viene corriendo exhalando vaho por la boca, y me tira al suelo. Ya sé de dónde viene, mi marido está al fondo, donde tenemos los olivos, preparándolo todo para un intenso día en el que nos ganaremos si podemos, el aceite para una buena temporadita más.


El día transcurre bien. Comemos unos huevos hervidos con el agua de manantial que tenemos a unos dos kilómetros de casa, y un poco de carne que quedó del día de mercado. Este año la cosecha es buena, con un poco de suerte, podremos vender algo de aceite en los mercados...


Cada día me acuerdo de mi casa en la ciudad. Me levantaba cada día durmiendo en un colchón de látex, cubierta por un edredón nórdico de plumas. Desayunaba bollería industrial y leche de brick con algo de cacao o café (uhmmm, el café...). Intentaba no comer demasiado para no engordar, porque en aquella sociedad la figura era importantísima. Pero podía permitirme almorzar...y merendar...dulce, salado, en la cafetería nueva, o en el horno que quisiera, los mejores dulces y los más completos bocadillos, con tu coca-cola, o tu cerveza, y un café o carajillo...y el cigarrito de después.


Comíamos lo que queríamos, nuestras despensas y frigoríficos rebosaban, y no nos dolía tirar a la basura lo que caducaba de un día, o lo que a simple vista "tenía mala pinta". Cada día veíamos en las noticias desagradables imágenes de gente sin recursos....pero qué más daba! a nosotros jamás nos iba a pasar...


Trabajábamos como negros, con explotación psicológica, para poder permitirnos los más caprichosos lujos. Viajábamos en coche, con gasolina!!. Despilfarrábamos en gastos tontos hacia esas máquinas.


Vivíamos bajo una enfermedad que llamaban estrés, cuya mejor medida de cura era ir de compras!!


Teníamos televisores extrafinos y equipos electrónicos de todo tipo.


Llenábamos los armarios de ropa que tirábamos a Cáritas medio nueva cada temporada.


Etc, etc, etc, etc, etc, etc...


Y ahora...míranos!! Mira a tu alrededor, mira lo mucho que aprecias y te sientes afortunada de tener esas tierras, esos animales, esa casa, esa leche, ese pan, esa manta, ese colchón....


Y es imposible no hacerse una pregunta:


¿Cómo hemos llegado hasta aquí de nuevo?

miércoles, 5 de noviembre de 2008

JUGUEMOS...APOSTEMOS


El pocker es un gran juego aplicable a la propia vida...cuando los faroles forman parte de las negociaciones...cuando alguien pretende hacer uso de ellos para apisonar a los contrincantes...

Pero los faroles no son seguros, lo puedes perder todo, y si aprietas demasiado a tu contrincante, a lo mejor lo predispones para que saque su jugada.

Me pongo en el lugar del farolero:
No tienes jugada...apenas. Piensas que vas a ganar, porque no te has parado a pensar que puede que alguno de tus rivales haya cogido una buena baza.
Pero confias en tu suerte, y traspasas el límite del orgullo.
Cuando no llevas juego, y hay una gran apuesta en la mesa, que tus rivales duden, o no quieran arriesgar, no significa que no tengan una buena jugada...puede que quieran asegurarse a tener la MEJOR jugada para ganar con total seguridad.
Es entonces cuando el farolero se crece. Cuando ve que el contrincante recula, pasa, no apuesta tan fuerte como te gustaria...crees que no lleva juego...
Y tú, inseguro jugador, con una simple pareja de reyes, crees que puedes afrontar semejante caudal de fichas que te pueden llevar a la ruina, o enriquecerte para siempre...
El farolero codicioso no piensa en perder.
Piensa en ganarlo todo, incluso más de lo que merece con semejantes cartas.
Juega con la intimidación, apuesta grandes cantidades para amedrentar al contrario, lo pone al límite, quiere hundirlo, quiere dejarlo sin nada, no se conforma con ganar lo justo...lo quiere todo para él.
El contrincante:
El que mantiene la cordura, el que se sienta enfrente del farolero, aguanta el tirón con su trio de ases, sin saberlo gana, pero considera un gran riesgo seguirle la corriente al farolero, supone que es un farol, pero desconoce la realidad.
Espera su momento...pide dos cartas...y sale el pocker de ases.
El orgullo tocado.
Fichas en la mesa.
Solo una decisión: jugar o perder...no se sabe quién va a ganar...
Con un pocker de ases!!
Juego!!
No tengo las de ganar seguro, pero debo arriesgarme.
Apuesto.
Golpeo.
Todo o nada.
Desconcierto en el semblante del farolero...pero le queda pedir cartas...
Esperemos que la suerte esté de mi parte.
Pero por lo menos ahora, tengo un pequeño hueco de aire para respirar...