lunes, 21 de abril de 2008

INSPIRA...ESPIRA


Respira hondo....



y siente como todo el aire llena tu pecho,



y repleto de presión deja disfrutar tu corazón.



Aguántalo dentro...



y siente la necesidad de expirarlo todo,



y prepárate para un poco más de vida.



Suélta todo el aire...



no tengas prisa, poco a poco...



vive la sensación de sacar lo más oprimente que llevas.



Y mientras la última gota de CO2 sacas,



algo dentro de ti ha cambiado,



un poco más de paz



quizás.

10 comentarios:

Ego dijo...

Tenía veinte años, y un tatuaje rosa y redondo alrededor del ombligo que rezaba“Antonio Forever”. Se lo hizo a los diecisiete, cuando tuvo que resignarse a que el capricho de su corazón iba para largo. Odila no destacaba entre las jóvenes de su edad, si caso porque apenas salía y había sustituido la litrona y la discoteca por la “reconfortante” tarea de remendar pantalones, hilvanar vestidos y reponer botones, encargada por necesidad y contrato de la humilde tienda de la Tía Rodriga, de la que muchos decían era la mujer más sabia del pueblo. Odila cobraba lo justo para ir tirando de su padre, incapacitado para el trabajo desde los treinta y pocos, y las dos mellizas pequeñas, bienaventuradas inocentes que jamás entenderían nada. Antonio trabajaba en la ciudad, “era alguien muy importante”, solía decir orgullosa Odila a sus compañeras de la sastrería, y si apenas paraba por el pueblo era por sus negocios. Tampoco podía reprocharle que no llamara...Era un hombre muy ocupado, qué tiempo iba a tener él para dedicarlo al teléfono, si siempre tenía que estar pendiente de si llamaba un cliente valioso para la empresa. A Odila apenas le afectaban las insinuaciones que corrían por el pueblo, cuchicheos que aseguraban que Antonio no volvería, que quién iba a estar tan loco como para retornar a una aldea tan perdida y sin siquiera nombre, después de haber triunfado en la lejana gran ciudad. Y Odila se miraba el tatuaje del ombligo, y se le iluminaba la cara.
Ese sábado tropical tocaban Babel Fish en el pueblo. Nadie dudaba ya de los copiosos esfuerzos del concejal de festejos por recolectar abundantes votos para los suyos en las elecciones inmediatas. La plaza del pueblo olía a sangría y a baile. Odila y sus amigas saltaban y reían como si de verdad adorasen a aquellos músicos extranjeros que no habían escuchado nunca. En los aplausos finales de una lenta fue cuando lo vio. Engominado, arrogante, Antonio departía apegadamente con el concejal, guarecidos tras la valla de rigor y guardia jurado que protegía a los cantantes de la histeria de sus falsas fans. Quiso gritar su nombre y no pudo; en la garganta le temblaba un bulto pulposo y asustadizo que no le permitía articular palabra. De pronto soñó: soñó que saltaría ese cerco separatista, y lo abrazaría, y recuperaría sus besos aguados y lentos, y se ofuscaría en su saliva infinita y ancha; y Antonio le diría que hizo la venta más importante de la empresa ,y por eso le permitían volver al pueblo, pero sólo para rescatarla a ella del olvido y la dilación, y llevarla a la ciudad para casarse con él, porque ya podía comprarse un piso mayor para los dos, y para su padre y para las mellizas, y Odila no tendría que remendar pantalones, hilvanar vestidos ni reponer botones nunca más. Odila se revolcó de gusto por dentro, ante la fantástica sensación de ver pisoteadas todas las palabras de la gente que los odiaba. Antonio había vuelto al pueblo por ella, y lo iban a ver todos.
Resuelta y decidida, corrió hacia la valla. El guardia jurado la escrutó sin piedad, y sin decir un verbo le inquirió qué quería. Odila señaló a Antonio con el dedo, justo cuando él se disponía a encenderse el siguiente puro de la noche. El guardia le hizo un gesto con los ojos, y Antonio se aproximó. Odila ya se sentía capaz de despegar los labios, pero justo cuando iba a hacerlo él se adelantó:
-Señorita, no sea usted impaciente – le dijo Antonio con una voz tosca y súbita que no era la suya- los cantantes firmarán autógrafos luego, pero no se alarme usted ahora, y no se acerque a la barrera, que aquí sólo se puede entrar con un permiso especial que sólo tenemos el señor concejal, mi mujer y yo.

Computadores dijo...
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raindrop dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
raindrop dijo...

Un poema respirado. Me gustó :D
La forma del poema también me ha llamado la atención: ensanchándose y estrechándose como los pulmones en plena respiración... Hasta podrías haber logrado que el ritmo de los versos coincidera con el de la respiración. Genial :D

besos

(un detallín... y perdona, porque me fastidia hacer de mosca cojonera: "expirar" [con x] significa 'morirse'; hablando de soltar aire en la respiración, se usa "espirar" [con s])

Xiketä dijo...

Bonita historia Ego...me dejas sin palabras.
Eres una caja de sorpresas y a veces me quedo fuera de juego!!
Besos y gracias por esta dosis de inspiración tuya.

Raindrop...upsss!! gracias por la corrección...la verdad es que me sonaba mal cuando lo escribí, pero desconocía esta diferenciación, ;)
Besos

El Instigador dijo...

Muy bonito. Y si se repite muchas veces, lentamente, acaba con la ansiedad. Ese mal de nuestros días.

Besos

Xiketä dijo...

Jajaja...vaya, vaya, Instigador.
Y si ésto lo acompañas de pensamientos agradables e imágenes y sensaciones bonitas...resulta mucho más efectivo.
Besos

julio-entuinterior dijo...

Pues es una herramienta que tenemos bien a nuestro alcance y que nos deja pero que muy bien.

Un abrazo

P.D. Pues ahora que lo observa Raindrop yo no se si habría puesto expirar también.

Yuria dijo...

Este me dan ganas de robártelo para mi blog, inspirar, espirar ...


Llenar de pecho el aire. Dejarlo dentro. Habiendo respirado muy hondo, muy, muy hondo.
Preparándose para un poco más de vida. Soltando el aire muy poco a poco.

Precioso, me ha encantado.

...Y paz. Dentro, siempre, la paz.

Xiketä dijo...

Gracias por tus halagos, Yuria.
Te lo presto sin duda!
Besos

Julio!! es cierto que lo bien que te quedas...no se explica con palabras.
Besos