martes, 22 de abril de 2008

ESCAPA DE MIS MANOS




Dejas correr tus sentimientos



y ahondas demasiado dentro de ti.



Dejas articular palabras



y das demasiadas explicaciones.



Das paso



de la buena intención



al dolor.



Y silencio...



14 comentarios:

celebrador dijo...

Lo de dar demasidas explicaciones es casi una fococopia de mi menda

raindrop dijo...

Como una caricia que, repetida hasta que irrita la piel, pasa de ser una delicia a volverse desagradable.

besos

Xiketä dijo...

A veces deberíamos callar para que el tiempo enfrie las emociones.

Besos a los dos.

Estrella Altair dijo...

Bueno callarse, es tambien un arte y como tal hay que aprenderlo... darse tiempo... y si verdaderamente hay buena intencion y sentimientos verdaderos, aceptarlos.... aunque a veces no coincidan con los que deseamos.

un abrazo Xiqueta

Ego dijo...

Nora dijo “ya estoy muerta”, pero en seguida observó que nunca nadie pudo decir eso sin mentir. Así que dejó la pluma, se levantó de la silla y se dispuso a prepararlo todo. Observó la cartulina azul cielo que colgaba agarrotada delante de su cama: “¿Qué vas a hacer el resto de tu vida?”, rezaba el papelón en la letra redonda e infantil de Nora. La niña la leyó en voz alta una última vez, antes de sentenciarla a su morada definitiva: la papelera. A Nora le parecía inconsecuente mantener ahí ahorcada una pregunta que ya no era pregunta, que poseía una solución tan obvia como obvia era la decisión tomada.
Prepararlo todo. Sí, tenía que prepararlo todo. Ya que tenía la suerte de controlar el futuro, no iba a dejarse ninguna cosa por hacer. Tenía que actuar rápido, antes de que se esfumara la ráfaga de valor que le había sacudido de pronto, la más enérgica de sus doce años. Era domingo por la tarde y sus padres habían ido a pasear a la pequeña, no llegarían hasta las ocho, por lo menos. Tenía tiempo. Sacó todas sus cosas y las colocó encima de la cama, meticulosamente. Fue separando las nancys de los comics de Mortadelo, los cromos de angelitos de los dibujos de clase, y así hasta que congregó a toda su vida delante. La examinó bien, la escudriñó entera, y la aborreció de improviso. “Qué poco has merecido la pena”, le reprochó casi condescendiente, mientras renegaba de ella desahuciándola a la fosa común donde yacía ya la cartulina metafísica. “No puedo aprovechar nada de ti, inútil”, coreó en voz alta una y otra vez, al mismo tiempo que procedía al asesinato sutil de cada fragmento de sus doce febreros.
Pensó de pronto en sus padres, y en que, como siempre, tenderían a echarle la culpa a alguien. Se le ocurrió entonces la idea de inventarse un responsable, para facilitarles las cosas, pero la conjetura fue de inmediato descartada. “Allá ellos si quieren complicarse la mente – rumió Nora – seguro que acaban echándose la culpa uno a otro y se divorcian. A mí ya no me va a importar”.
Se acordó de sus amigas del colegio, y por primera vez en la tarde – y en mucho tiempo – experimentó lo que era sentir pena. Pena de ellas, que se quedaban, que tenían fijado un examen de matemáticas para el martes, que acabarían tirándose de los pelos por quién será la primera bailarina en el baile de fin de curso, que tendrían que soportar a Doña Juana todos los años que le quedaban de cole, que no eran pocos. Pena también porque seguro que accederían al instituto, y tendrían que aguantar novatadas y humillaciones, novios efímeros de fin de semana, borracheras experimentales y drogas de diseño obligadas. Pena porque las veía como unas cobardes, unas conformistas sin destino propio, porque aceptaban sin rechistar el que las circunstancias y sus padres encauzaban, desde la cuna, para ellas. “Pavas”, pensó Nora en voz alta, a la vez que convertía en añicos la única fotografía de grupo que conservaba de sus amigas, del año anterior, en una excursión al monte. A Nora no le gustaba sentir pena, por miedo a que diezmara su valor, así que imaginó a sus amigas convertidas en las perfectas marujas de marido futbolero y expectaciones frustradas, y la pena se extinguió. Fácilmente.
A ella no le iba a pasar eso. Se iba a librar ella solita de una existencia llena de cargas y miserias. No iba a ser como su madre, que arrastraba la bronquitis crónica desde los catorce, y no había Navidad que no la pasara en la policlínica. Ni mucho menos iba a acabar como su tía, muriéndose de asco y lentamente en una "casa de reposo", como la llamaba su padre, o un psiquiátrico, como lo llamaba su madre. Que no le preguntara nadie cuál era la razón de su locura, de la locura que por fin tenía valor a cometer, porque no hallaría expresión coherente que la justificara.
Nora advirtió que sería curioso elegir ella misma el cuándo exacto. “Nadie puede elegirlo”, leyó una vez, y pensó que, si le quedara tiempo, escribiría a ese literato cobarde para demostrarle que ella no formaba parte de su tonta teoría. “Se enterará por los periódicos”, razonó, “se enterará por los periódicos de que estaba equivocado”. Y se olvidó de la frase.
Nora miró el reloj: las cinco y veintidós. Ese cronómetro le gustaba a su mejor amiga; se lo dejaría, ella ya no lo iba a necesitar jamás. “¿Necesitaré que un abogado me firme esto para que se lo den?” , caviló, acordándose de una película de juicios que había visto una vez con su madre en el cine. “No, no creo, eso es sólo si mis padres se empeñan en quedárselo, que no creo”, dedujo acto seguido. Pero, por si acaso, lo escribió bien claro, y con mayúsculas, en la libreta que tenía delante, perfeccionando su caligrafía redonda e infantil hasta extremos fatigosos. Las cinco y veintitrés ya. Esperaría a y veinticinco. Para que rimara.

“Dirán que no tiene sentido – escribió Nora en el último párrafo de su cuaderno, con la grafía ya temblona y convulsa, rozando el viejo miedo – Muchos dirán en la tele y escribirán en el periódico que no tiene sentido ninguno, que es un suceso absurdo y estúpido, una chiquillada para llamar la atención, un desgraciado accidente. Pero ninguno de mis críticos se atreverá a especular sobre las causas, porque ni ellos ni yo llegaremos a saberlas nunca. Yo, porque no he tenido tiempo de conocerlas, y ellos porque no han tenido tiempo de conocerme. Hay gente que tiende a calificar de incomprensible un hecho sólo porque no lo comprenden ellos. Pero lo que no podrán negar es que ese hecho existe, porque, aunque no lo vean, ven sus consecuencias.”

Leí varias veces las últimas palabras de Nora antes de entregar el cuadernillo al suboficial que llevaría el caso. No me costaría trabajo hacerme con una fotocopia, ya en comisaría. De Nora ya sólo quedaban los añicos reunidos bajo una sábana blanca, debajo de su ventana. Doce años y dos meses. Como profetizó, varios grupos de curiosos que merodeaban por allí, se santiguaban repitiendo que era un trágico accidente. A mi lado, el suboficial intentaba controlar a una mujer rubia teñida, descompuesta en gritos, damnificada por una tos que hacía adivinar la bronquitis crónica que debía de acarrear desde años atrás.

Compartimos? dijo...

El comentario de EGO me hace pensar hoy de una manera especial.

"Hay gente que tiende a calificar de incomprensible un hecho sólo porque no lo comprenden ellos. Pero lo que no podrán negar es que ese hecho existe, porque, aunque no lo vean, ven sus consecuencias.”

Este comentario y tu entrada me vienen hoy al pelo.

" Dejas correr tus sentimientos..........
y das demasiadas explicaciones."

Y con buena intención se cometen errores.
Pero no tengo claro si estas cosas deben quedar en silencio.
Hasta pronto.

Xiketä dijo...

Ego...sin palabras me dejas de nuevo...
Al principio creí que habías interpretado a raíz de mi poema, tu historia...espero que no, porque los problemas para mí tienen otras soluciones que la cobardía.
Veo que eres una escritora compulsiva y me encanta...
Espero más de tus historias!!
Besos

Compartimos, no dudes que hay cosas que siempre deberían quedar en el silencio, o guardarlas para uno mismo y sus secretos inconfesables.
Besos

mia dijo...

Qué bonito xiketä!


Me dejas meditando...

pero soñando...

en un enorme silencio

Tú poema habita

todos los tiempos!

♥♥♥besos♥♥♥

julio-entuinterior dijo...

Tal vez si actuáramos, si hiciéramos las cosas sin esperar nada a cambio...

Un beso

Compartimos? dijo...

No me estaba refiriendo a ninfgun secreto inconfesable.
Me estoy refiriendo a una ingenuidad
Hasta pronto

Xiketä dijo...

Gracias Mia, tú siempre me ves con buenos ojos.
Besos

Julio, es posible que las cosas nos fueran mejor si actuásemos más y hablásemos menos.
Besos

Yo tampoco, Celebrador, es una forma de expresarlo...me refería que hay cosas (pensamientos) que no deberían decirse nunca.
Besos

Xiketä dijo...

Perdón, Compartimos, el último comentario es para ti...;)...confundida me hallo!!jeje
Besos

Yuria dijo...

Me encuentro aquí con la poeta.

"Dejas correr tus sentimientos

Dejas articular palabras

Das paso "

Me quedo con este sabor, que me hace sentir.


y, un post más, a ver, a ver.

Xiketä dijo...

Jajaja...Yuria!!!
Veo que te has enganchao!!
Eres genial!
Besos