miércoles, 6 de febrero de 2008

CUATRO DE CUATRO



Voy andando por las calles de piedra, dirigiendo mis pasos a un lugar más reconfortante que me proteja del frío de la noche. Mientras ando, desde mi boca exhalo vapor...me encanta esa sensación, la humedad me demuestra que mi calor corporal supera con creces el que a su vez soporta del exterior.

Ando ligera, sin hacer ningún descanso.

En la calle, silencio, roto tal vez por el sonido de alguna cocina o algun televisor en marcha. El resto es un arropante silencio de pueblo.

Miro a mi alrededor y las farolas cran un precioso juego de claroscuros, divisando en cualquier rincón un digno cuadro para adornar mi salón.

Parece mentira cómo la tradición y la antigüedad crean un juego misterioso de tiempo pasado...y por llegar. Cuando el reloj parece que no avance para ciertos lugares, éstos ganan cariño para el que forma parte de ellos.

Siento los dedos de mis pies helados...avanzó con rapidez.

Mis manos no encuentran más calor en los bolsillos, a pesar de llevar los guantes...ya tengo ganas de llegar a casa!

Asomo la cara por encima del cuello de mi abrigo, y respiro. Una bocanada de aire helado siento entrar por mi nariz, dando paso al siempre reconfortante olor a leña quemada, miro a mi alrededor y veo varios hilos de humo de las chimeneas.

Me sigue dando la sensación de que no corre el tiempo.

Por fin diviso la casa, la luz cálida refleja en la sombra de la noche, me acerco rápidamente, abro la puerta....siento con mucha más fuerza el olor a chimenea, entro, y el calor natural me abraza.

Por fin en casa! No hay nada mejor en invierno!

12 comentarios:

raindrop dijo...

Y ya estamos en el punto de partida.
jajaj he sentido el frío del relato, sumado al que ya me rodea.
Es invierno.

besos

Xiketä dijo...

Vaya, vaya, que estamos a punto de dejarlo atrás, por lo menos aquí en el levante...no sé yo en el norte cómo estareis....por lo que leo aun hace fresquitoooo.
Besos

María Manuela dijo...

Es así, hay frío y frío...el de mi pueblo se parece a este que cuentas, con las farolas, la niebla...sólo falta un toque de campanas a difunto y el olor a morcillas preparadas en la lumbre para saber que es el invierno de la infancia (cuando nunca tenías frío).

Xiketä dijo...

Vaya que sí, M.Manuela, auténticos los detalles de las campanas y mucho más el del olor a embutido...
Y ahora que lo nombras, a ti no te parece que en los pueblos huele siempre a comida buena?
Mira, los domingos vas andando y huele a paellita de leña, en verano huele a pan recien hecho y tortilla, en invierno muchas veces huele a carne torrá o a embutido como bien dices....(en otoño no huele a nada?????....lo pensaré...jajaja).
O es mi imaginación (o mi estómago), o yo lo he sentido siempre asi.
Y ya que has entrado en el tema, una cuestión se me ocurre.
¿verdad que hay personas que distinguen los cambios mediante el olfato? a mi me ha ocurrido desde pequeña.....uppsss
Besos Maria Manuela

María Manuela dijo...

Cierto Xiqueta, antes notaba un día de pronto que había llegado la primavera: iba a recoger las bragas del tendedero y olían a azahar...ahora ya no nos quedan naranjales cerca...tampoco muchos olores, el que más es el de fritanga que sale de los bares y el de tabaco que lo impregna todo.

Pero quedan en la memoria algunos como el de la tienda de ultramarinos, el mar, la montaña, las casa viejas, la lluvia...

Avellaneda dijo...

Se me ha helado la naricilla al leerte, los pinrrelillos se me han enfriado un poco y me han entrado ganas de llegar a casa y ponerme el pijama de franela y de cuello vuelto... mmm que rico... Aquí en Madrid huele (en plan positivo, claro) a castañas asadas y a frio.
Bss

ybris dijo...

Seguramente una de los placeres del invierno es las ganas que nos da de refugiarse en casa.

Besos.

mia dijo...

comparto esos fríos

y fragancias invernales

que la memoria arranca

y que es poesía,melodía

o recuerdo lleno de azahares

que en invierno

son naranjales!

besos

Xiketä dijo...

Pues M.Manuela, a mi la primavera en Valencia me huele a pólvora, el verano a mar...el otoño...(sigue sin olerme a nada....upsss), y el invierno en una época a arrozales quemados (es un olor un tanto asfixiante, no?)...pero llevas toda la razón que cuesta cada vez más distinguir olores puros ante tanta polución.
Besos

Avellaneda, me gusta mucho eso que describes sobre los olores de Madrid: "a castañas asadas", que típico de Madrid! me ha gustado mucho compartir esa sensación contigo.
Besos


Verdad que si, Ybris? Estar en casita, calentito, arropado...es una de las mejores cosas que tiene el invierno.
Besos


Ohhh, Mia, se me olvidó el olor a naranjas frescas, sobre todo por nuestra provincia de Castellón...di que sí!!
Besos

batanero dijo...

El olor a pan tostándose en la chimenea, los rescoldos de la madera quemada en un latón bajo la mesa camilla, el frío en las orejas a la espera del autobús o la bufanda de punto inglés que me hizo mi abuela. Eso me trajiste con tu cuarta de cuatro.

Xiketä dijo...

Me alegra que te haya hecho recordar cosas tan agradables (aunque el frio no lo es tanto), Batanero. A veces las cosas más insignificantes nunca se nos borran de la memoria.
Besos

SOLOYO dijo...

Definitivamente sí has conseguido sacar la esencia de los bonito del invierno...

Me encanta este estilo literario que has derrochado para nuestro disfrute en tus cuatro de cuatro.